El 23 de agosto del 2006 la pequeña Natascha Kampusch, desaparecida desde el 2 de marzo de 1998, lograba escapar de su secuestrador y del zulo en el que éste la había retenido durante esos 8 años. Nada más percatarse de la huida de la joven, su captor, Wolfgang Priklopil, se suicidó.
En sus primeros días en libertad, Natascha se convirtió en el centro de interés y fueron muchos los medios que le ofrecieron elevadas cantidades de dinero (hasta 300.000 euros) a cambio de una entrevista. Medio mundo se sobrecogió al ver la frialdad y serenidad aparente con que la joven respondía a las preguntas de Christoph Feurstein, de la ORF. Frases como "Yo era más fuerte que él"o "Mi habitación no le debe de interesar a nadie, así que por favor, que no salgan fotos" impactaron a una sociedad que no acababa de comprender cómo una niña había podido seguir creciendo en tales circunstancias y no sólo mantener la cordura, sino llegar a convertirse en una mujer.
El sensacionalismo tentó en todo momento las informaciones relativas a Natascha y se especuló con la posibilidad de que la joven sufriese el Síndrome de Estocolmo.
Recientemente ha vuelto a conceder otra entrevista, ya con menor repercusión. Pero parece que a la sociedad sólo le importa el morbo, el saber si tuvo o no relaciones sexuales con su secuestrador.
Ojalá en el 2007 nos olvidemos de Nastascha por su bien, para que pueda vivir como una persona anónima.
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